Demandan más presencia de veterinarios en los mataderos

Los veterinarios ponen a los mataderos en el punto de mira por la falta de personal, que puede provocar fallos en la cadena que desaten contaminaciones lesivas para la salud hum

13 noviembre 2019

Se estima que en España hay aproximadamente 540 mataderos autorizados en los que trabajan cerca de mil veterinarios, un número muy por debajo de lo necesario, en opinión de Fesvet (Federación Estatal de Sindicatos Veterinarios).

Según la última encuesta de sacrificio de ganado del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), en el año 2017 se sacrificaron más de 850 millones de animales en los mataderos españoles: vacas, toros, terneros, cabras, ovejas, equinos, cerdos, conejos, pollos y animales de otras especies. En el mundo se sacrifican un total de 76.000 millones de animales anualmente.

“Controlar eficazmente la cadena entre la explotación donde se cría al animal y el plato que nos llega a la mesa, es fundamental para garantizar la sanidad de los procesos que preserven la salud de unos y otros. Los únicos profesionales sanitarios competentes para llevar a cabo esta labor son los veterinarios. Cualquier fallo en la cadena puede provocar que se desaten contaminaciones lesivas para la salud humana, como se ha demostrado últimamente con las crisis del botulismo, salmonelosis y la listeriosis”, explica Fesvet.

En este sentido, reclaman una mayor presencia de veterinarios en los mataderos de toda España para cubrir adecuadamente las distintas etapas de inspección y auditorías (de las buenas prácticas de higiene y del sistema de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control –APPCC-).

La primera fase se produce cuando llegan los animales, que se denomina inspección ante mortem que consiste en comprobar que llegan en el vehículo adecuado y en las condiciones correctas, con un estado de salud adecuado. Se constata que llegan en buenas condiciones, que se alojan en cuadras o establos con agua, y en su caso comida suficiente, en condiciones de limpieza y cama apropiada. Se comprueba la información de la cadena alimenticia, la identificación y la documentación de traslado.

La segunda fase es el sacrificio de los animales propiamente dicho, la entrada del animal al matadero, en la cadena de sacrificio. Para llevar a cabo este sacrificio hay que guardar unas normas muy estrictas en cuanto al bienestar animal en el momento de aturdirlo con el fin de evitar al animal sufrimientos innecesarios; una vez aturdido y sin demora, comienza el faenado de la canal: sangrado, desollado, en su caso, eviscerado y acondicionamiento de la canal, durante el cual se realiza de manera continua la inspección post-mortem.

La tercera fase o fase analítica, es en la que se completaría la inspección por medios analíticos, evitando posibles riesgos para la salud humana, por ejemplo, que los cerdos no tengan triquina o que no haya residuos de medicamentos, realizando una toma de muestras con destino al Plan Nacional de Investigación de Residuos (PNIR). Sólo una vez que el veterinario coloque la marca sanitaria en la canal, la carne será apta para el consumo.

Hay mataderos que solo tienen asignado un veterinario para realizar todas las funciones descritas; ese profesional no puede estar en todas las fases en el momento adecuado por imposibilidad espacio-temporal, con la impotencia que esto le genera. Es necesario incrementar el número de veterinarios para estas tareas”, señalan.

Fuente de información: Diario Veterinario

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