Catalunya permitirá a las granjas de cerdos verter purines más cerca de viviendas y depósitos de agua

La Generalitat prevé relajar las exigencias medioambientales sobre gestión de residuos animales que implementó en 2019 para los ganaderos.

18 julio 2022

El Govern catalán permitirá que los ganaderos puedan almacenar, tratar y verter purines más cerca de domicilios, centros de trabajo y puntos de captación de agua. Así lo prevé una modificación del actual decreto de deyecciones ganaderas que está en fase de información y que previsiblemente se aprobará después del verano.

Los purines son una mezcla altamente contaminante de heces, orina y resto de comida que producen los animales. Tienen un alto nivel de nitrógeno que les permite ser utilizados como fertilizantes orgánicos. Estos residuos, sin embargo, también generan problemas por sus malos olores y porque al filtrarse en la tierra acaban contaminando las aguas subterráneas. También contaminan la atmósfera por las emisiones de amoníaco.

Actualmente, las plantas de almacenaje de purines de cerdo deben guardar una distancia de 750 metros respecto a núcleos de población, viviendas aisladas, polígonos industriales y centros de trabajo no agrario. En el documento que propone la modificación del decreto, la Generalitat señala que esta distancia es “excesiva” e imposibilita que en muchas zonas de Catalunya se puedan instalar plantas de tratamiento y almacenaje de este residuo.

La propuesta prevé reducir esos 750 metros de distancia de las plantas de purines a solo 400 metros de núcleos de población, casas aisladas y centros de trabajo. Otra de las opciones planteadas en la documentación implicaría una distancia de 500 metros para núcleos habitados, 400 metros para viviendas aisladas y 300 metros para los centros de trabajo. Para las deyecciones que no sean de cerdo se prevé una distancia mínima de entre 250 metros (naves industriales) y 400 metros (núcleos de población).

Catalunya fue en 2019 pionera a la hora de establecer distancias mínimas entre estas plantas y los municipios. Tres años después, apuesta por relajar las exigencias medioambientales en su normativa modificando el anexo del decreto de gestión de deyecciones ganaderas.

Desde el Departament d’Acció Climàtica creen que rebajando las distancias requeridas fomentarán la instalación de más y mejores plantas para tratar los purines y favorecerán el uso de abonos orgánicos. “Para nosotros, las deyecciones ganaderas nunca han sido un residuo, sino un fertilizante”, señala en conversación telefónica Neus Ferrete, subdirectora de Ganadería de la Generalitat.

“Si tenemos distancias de seguridad muy garantistas, muy prudentes, estamos dejando una parte de los campos sin que pueda llegar fertilizante orgánico, que es más beneficioso que el fertilizante mineral”, remacha Ferrete, que insiste en que la modificación de la normativa en ningún caso supone un paso atrás. “Al revés, es un paso adelante”, sostiene.

Vertidos más cerca de pozos de agua

La modificación no solo afectará a las plantas de almacenaje de residuos animales. También prevé reducir la distancia de seguridad cuando se viertan purines para usarlos como abono en campos cercanos a puntos de captación de agua y núcleos de población.

La Generalitat prevé una reducción considerable de esta distancia de seguridad respecto a los puntos de agua potable, a pesar de que el propio Govern admite que el 83% de las masas de agua subterránea en Catalunya tienen un exceso de nitratos por culpa de los purines y de los fertilizantes agrícolas.

Actualmente se debe guardar una distancia de entre 100 y 300 metros respecto a estos pozos de agua subterránea y núcleos de población, en función de si se aplican los purines directamente a la tierra o se hace con un sistema de tubos al nivel del suelo.

La Generalitat prevé reducir esta distancia a solo 75 metros respecto a puntos de captación de agua subterránea para todos los supuestos, sin distinguir la manera de aplicar los purines. También prevé una reducción similar de la distancia respecto a viviendas aisladas (25 metros) y polígonos industriales (75 metros). En el caso de otros fertilizantes animales que no provengan del cerdo también se reducirán las distancias requeridas.

De las 12 “zonas vulnerables” de agua subterránea identificadas por la Generalitat, solo tres mejoraron su percentil de nitratos entre 2019 y 2020. En el resto de puntos la contaminación aumentó con la excepción de una de las zonas, cuyo índice se mantuvo estable. Esto supone que, en algunas comarcas con alta concentración de granjas como Osona, en algunos momentos más del 40% de las fuentes públicas hayan tenido que colgar un cartel de “agua no potable”.

“No plantearía la nueva normativa como una mejora [de las aguas subterráneas] sino que no afectará negativamente”, responde Ferrete, la subdirectora de Ganadería. “No podemos dejar de fertilizar los campos, ahora parece una tontería pero la situación puede cambiar de un día para otro”, añade, en referencia a una posible falta de materias primas por la guerra de Ucrania. “Tenemos que intentar que la superficie rinda al máximo cumpliendo la normativa, preservando el medio ambiente e intentar ser autosuficientes en materia alimentaria”.

La propuesta de la conselleria liderada por Teresa Jordà (ERC) también contempla una lista de 60 municipios de montaña en los que se establecerá una distancia de solo cinco metros entre el municipio y los campos en los que se viertan purines como abono. Los municipios están en las comarcas del Alt Urgell, Alta Ribagorça, Berguedà, Cerdanya, Pallars Jussà, Pallars Sobirà, Solsonès y Vall d’Aran.

“Son medidas que benefician a la industria y perjudican al medio natural y a los acuíferos”, señala Jordi Gisbert, miembro de la organización animalista ADDA contra la cría intensiva de animales. “Lo que debería hacer el Govern es plantear cómo reducir la cabana porcina en Catalunya”. Según el Instituto de Estadística de Catalunya, en 2020 hubo más de 8 millones de cerdos en la comunidad.

El Govern también prevé modificar a la baja los índices de generación de purines previstos para cada cerdo. Prevé reducir el coeficiente actual de 2,15 metros cúbicos por cerdo hasta 1 metro cúbico. Ferrete explica que, tras analizarlo en 250 granjas durante un año, han llegado a la conclusión de que el valor actual no se ajusta a la realidad debido a los avances técnicos en la gestión de estos residuos. Precisa, sin embargo, que esta modificación no permitirá aumentar la cabana porcina a las granjas.

Fuente de información: elDiario.es

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ADDA denuncia que la Generalitat permita verter purines más cerca de casas

12 julio 2022

La Asociación Defensa Derechos Animal (ADDA) ha denunciado este martes que la Generalitat permitirá el vertido de purines de animales más cerca de casas, núcleos urbanos, centros de trabajo y pozos de agua potable para su aplicación en los campos.

Según ha informado la asociación, esta nueva medida, que se llevará a cabo con la modificación de tres artículos del Decreto de Deyecciones Ganaderas, «promueve unos cambios que podrían tener efectos desastrosos para el entorno y la salud humana».

En concreto, esta modificación prevé reducir de 750 a 400 metros la distancia de estercoleros respecto a viviendas, centros de trabajo y áreas de ocio y aplicar purines en los campos situados entre 5 y 75 metros de un casco urbano o a una distancia de entre 50 y 75 metros de puntos de captación de agua potable.

Cataluña tiene actualmente un 41 % de los cursos de agua subterráneos contaminados por nitratos, una alteración que en más de la mitad de los casos proviene de la actividad agrícola y ganadera industrial.

«Los purines son compuestos orgánicos que se filtran al subsuelo y que en contacto con el aire generan amoníaco y emisiones de gases de efecto invernadero que abundan en Cataluña por la concentración, ya crónica, de instalaciones de cría intensiva de animales para la producción de carne, leche o huevos», ha criticado la ADDA.

«Lejos de buscar soluciones, la Generalitat sigue concediendo ampliaciones y nuevas autorizaciones de macrogranjas cada año, algo que amenaza espacios naturales como la Segarra (Lleida) o puntos del Moianès (Barcelona)», ha añadido. EFE

Fuente de información: La Vanguardia

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El Papa Francisco también pide “consumir menos carne” para salvar el planeta

En un mensaje a jóvenes europeos, Francisco ha dicho: “Si no consiguen darle la vuelta a esta tendencia autodestructiva, será difícil que otros lo hagan en el futuro”

11 julio 2022

El Papa de la ecología integral lo volvió a hacer. Tras la publicación en 2015 de ‘Laudato si’, esa encíclica social en la que sentó las bases de la “ecología integral” y que es citada (mucho) y leída (menos) por los políticos de todo el mundo, Francisco volvió a mostrar su conciencia de la crisis ambiental de la humanidad y su constante apertura a gestos cada vez más concretos para salvar la Tierra.

En un mensaje a jóvenes europeos, fue claro y directo: “sería conveniente consumir menos carne” para ayudar al ambiente, les dijo, en una nueva vuelta de tuerca a pedidos ya considerados de base en el Papa, como el de reducir también el uso de combustibles fósiles.

“Es urgente reducir el consumo no sólo de combustibles fósiles, sino también de muchas cosas superfluas; e igualmente, en ciertas zonas del mundo, sería conveniente consumir menos carne, esto también puede ayudar a salvar el medio ambiente”, planteó el pontífice en un mensaje enviado a una conferencia de jóvenes de la Unión Europea que inició hoy en Praga y se extenderá hasta el miércoles.

En 2015, el Papa publicó la encíclica Laudato si’, en la que plantea el concepto de “ecología integral” y considerada uno de los escritos más importantes sobre el tema de los últimos años. La conferencia sobre el clima de París, ese año, tuvo a la encíclica como uno de los grandes impulsos para poder llegar a acuerdos que, más allá del incumplimiento posterior, resultarno también históricos.

En su mensaje, el pontífice destacó a los jóvenes que “mientras las generaciones anteriores hablaban mucho y concluían poco, ustedes, en cambio, son capaces de tomar iniciativas concretas”.

“Por eso digo que este momento puede ser el adecuado. Si no consiguen darle la vuelta a esta tendencia autodestructiva, será difícil que otros lo hagan en el futuro”, los convocó.

Habitar el mundo “con dignidad”

“No se dejen seducir por las sirenas que proponen una vida de lujo reservada a una pequeña porción del mundo, ojalá que tengan ojos grandes para ver al resto de la humanidad en su conjunto, que no se reduce a la pequeña Europa; que aspiren a una vida digna y sobria, sin lujos ni derroches, para que todos puedan habitar el mundo con dignidad”, pidió Francisco.

La semana pasada, de hecho, monseñor Gabriele Giordano Caccia, Observador Permanente de la Santa Sede ante la ONU, entregó al Secretario General de las Naciones Unidas el documento por el que la Santa Sede, en nombre y representación del Estado de la Ciudad del Vaticano, se adhiere a la Convención Marco de la ONU sobre el cambio climático.

El Papa también llamó a los jóvenes europeos a “no dejarse arrastrar por ideologías miopes que quieren mostraros al otro, al que es diferente, como un enemigo”.

Fuente de información: Eldiario.es

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¿Es cruel con las vacas la producción de leche?

La leche de vaca está cada vez más cuestionada por el trato que reciben estos animales en su elaboración. ¿Contribuimos al maltrato con el café de la mañana? Así están las cosas en España, donde la ganadería intensiva domina el sector.

21 junio 2022

Los seres humanos somos los únicos mamíferos que beben leche tras el periodo de lactancia. Este hecho no significa mucho en sí mismo -tampoco hay otros mamíferos que coman paella o jueguen en la Nintendo al Mario Kart-, pero nuestro empecinamiento lácteo nos obliga a extraerla, casi siempre, de las vacas. ¿Cómo se trata a estos animales en el proceso? Muchas voces críticas nos recuerdan la crueldad de separar a las vacas de sus crías al poco tiempo de nacer, denuncian prácticas dolorosas como la extracción de cuernos o subrayan el largo tiempo que pasan las bestias amontonadas dentro de los establos. Desde la industria defienden sus métodos de producción, y hay marcas que lucen sellos de “bienestar animal”. ¿Podemos tomarnos un café con leche de vaca con la conciencia tranquila? ¿O somos cómplices del maltrato animal?

El tamaño medio de las explotaciones españolas fue de 64 vacas de ordeño en 2020, un 24% más que en 2016, cuando la media era de 51 ejemplares, según un estudio del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Este incremento progresivo del tamaño de las granjas se enmarca en un sistema productivo dominante en el que estos animales no están libres en inmensos prados verdes como los de Heidi: “Explotaciones extensivas de leche en España no hay. Ninguna. Lo que puede haber son explotaciones semiextensivas, en las que salen un rato a pastar pero no están sueltas por el monte, entre otras cosas porque hay que ordeñarlas dos veces al día”, explica Pol Llonch, investigador en bienestar animal en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Requisitos para que la vaca esté feliz

El proyecto Welfare Quality, con financiación europea y que se desarrolló entre 2004 y 2009, reunió a más 40 instituciones de 17 países para investigar sobre el bienestar animal. Uno de los participantes fue Antonio Velarde, jefe del programa que estudia este tema en el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), que cuenta que la conclusión a la que se llegó fue que éste es un concepto multidimensional que reúne cuatro principios básicos que lo garantizan: una buena alimentación, un buen alojamiento, una buena salud y un comportamiento apropiado.

“Buena alimentación, es decir, que no pasen hambre, que tengan acceso a la comida y agua tanto en cantidad como calidad. Cuando hablamos del alojamiento, nos referimos al confort térmico y de descanso o que se puedan mover adecuadamente. Sobre la salud, que no tengan enfermedades, cojeras o lesiones, y luego, que el comportamiento sea el concreto de cada especie”, comenta Velarde en líneas generales.

Si toda la ganadería lechera es intensiva, ¿no hay bienestar animal?

En este tema lácteo, el que los animales tengan buenas condiciones de vida depende del punto de vista desde el que se mire. Jordi Gispert, responsable de comunicación de la Asociación para la Defensa de los Derechos del Animal (ADDA), lo tiene claro: “Hay que diferenciar muy bien entre la ganadería extensiva, que respeta los ritmos biológicos, y las explotaciones industriales, que son aberrantes para las vacas y el medio natural”.

En su opinión, bienestar animal es un concepto que sirve “de lavado verde” para muchas granjas: “¿Cómo se puede hablar de ello cuando una vaca está encerrada en dos metros cuadrados siendo un mamífero tan grande, forzada a inseminaciones artificiales, a ser vista como un mero producto sin acceso siquiera en muchas ocasiones a pastos, alimentada con productos fabricados, sin movilidad y sin llevar su ritmo de vida natural?”, se pregunta Gispert, que dibuja un escenario muy similar al que aparece en el documental Vaca, de la cineasta Andrea Arnold.

Por contra, el investigador Pol Llonch afirma que es compatible el bienestar animal con la producción intensiva lechera: “Es verdad que este sistema conlleva algunos retos como el manejo de procesos dolorosos o la limitación de algunas conductas naturales como el pastar. Pero también es cierto que hay otros aspectos que, por lo general, mejoran la calidad de vida si los comparamos con el ganado en extensivo”. Aunque a priori esto último suene contradictorio , Pol pone como ejemplo el control de la salud de estas vacas, “que es muy riguroso, constante y detallado, por lo que se conoce pronto si tienen algún problema y se puede actuar así a tiempo”. “También se les proporciona el alimento adecuado según sus necesidades, que en condiciones extensivas o medio salvajes no tienen”, añade este científico.

¿El número de vacas de una ganadería influye?

“No puede haber en unas naves 8.000 animales sin que esto sea perjudicial para ellos y para la salud pública. Absolutamente imposible. Pueden poner mil excusas, pero no es posible”, asevera Jordi Gispert desde ADDA. En España, en 2018 había 2.602 explotaciones con más de 126 vacas, el 19% del total, de las que 115 tenían más de 626 cabezas de ganado lechero, según un informe del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

“Para otros temas sí puede tener que ver, pero las condiciones de bienestar es posible que se den tanto en una grande como en una pequeña”, dice Antonio Velarde, que añade: “Puedes tener mejores condiciones en una explotación novísima, con personal formado, sistemas de aspersores y robots para que las vacas sean ordeñadas cuando quieran, que en una menor y antigua, donde no se ha hecho la inversión necesaria y el ganadero no está formado”.

“Aunque es verdad que hay otros retos, como el ambiental, con la concentración de purines, que se deberían tener en cuenta”, afirma Pol Llonch. Esta es una de las críticas más habituales que se les hace a las macrogranjas: la contaminación que conlleva su funcionamiento. La cooperativa Valle de Odieta tiene en El Caparroso (Navarra) una de las explotaciones lecheras más grandes de España, con 4.700 vacas de ordeño, y un proyecto aún en ciernes en Noviercas (Soria) que sería la mayor de Europa, con 23.000 cabezas. Esto ha provocado que organizaciones ecologistas como Greenpeace se opongan a estas instalaciones por su impacto medioambiental, aunque desde la entidad navarra aseguran que cumplen con la normativa y que cuentan incluso con una planta de biogás para minimizar la emisión de gases.

Vacas sin cuernos, sin crías y preñadas

Volviendo al bienestar animal, en la producción de leche se dan tres prácticas que generan mucha controversia: el descornado o desmochado, la separación de la madre y su cría y el número de gestaciones. Cada una tiene sentido dentro del sistema de producción intensiva de leche, aunque ello no impide que haya organizaciones que señalen que son prescindibles y perjudiciales para el ganado.

“Las tres son prácticas básicas del maltrato. No somos conscientes de lo que conlleva el corte de los cuernos y la de problemas físicos y de conducta que provoca a lo largo de toda su vida”, opina Jordi Gispert. “El descornado -o desmochado, si se extrae el botón germinal- puede ser doloroso para el animal en el momento, pero luego es beneficioso porque la vaca que tiene cuernos, si está estabulada en un corral es mucho más probable que sirvan para dañar a otros animales”, apunta Pol Llonch.

Asimismo, en ADDA piensan que la separación cría-madre es antinatural: “Se lo quitan al poco de parir cuando hay un periodo de lactancia en el caso de los terneros de muchos meses. Sufren un aislamiento total que les produce un estrés absoluto”, declara su responsable de comunicación. El investigador Pol Llonch lo ve diferente: “Aquí ocurren dos cosas: si se mantiene al ternero con la vaca, se queda con la leche que el ganadero vendería, por tanto la producción sería menor; y por otro lado, no está comprobado que una separación tardía sea mejor para el bienestar”.

Y en cuanto a la última de las prácticas mencionadas, el investigador de la UAB señala que, por lo general, hay una media de entre dos y medio y tres gestaciones por vaca; una cifra superior en la ganadería extensiva, ya que ésta se relaciona con la producción de carne, y ahí los animales viven más años.

¿Los sellos y certificaciones son la solución?

A partir de las conclusiones y protocolos surgidos del ya mencionado proyecto Welfare Quality y de otros posteriores como el Awin, el Instituto Vasco de Investigación y Desarrollo Agrario (NEIKER) y el IRTA presentaron en 2019 el sello de bienestar animal Welfair, que hoy día certifican empresas como AENOR. Antonio Velarde, del IRTA, explica que el sistema de evaluación para la concesión del mismo establece unos criterios que miran al animal: “Al final el bienestar no lo tiene la instalación o el manejo, sino la vaca o el cerdo, y son ellos quienes te dicen si están bien o no”. Así, según Velarde este certificado se basa en parámetros como el tiempo que tarda un animal en tumbarse, “que es importante porque te dice si en los cubículos donde descansa es cómodo o no”, si tiene sensación de calor o de frío o jadea, si presenta cojeras o lesiones o el grado de suciedad, por ejemplo.

Para que una granja esté certificada debe cumplir con la legislación vigente y con los criterios fijados. Si quiere lucir el sello Welfair, además de eso la industria envasadora de leche debe demostrar el origen del producto. Una distinción con la que se muestran escépticos organizaciones como la OCU, que critica que no se observen aspectos como “las instalaciones, la densidad o la temperatura”, o el propio Jordi Gispert, que entiende “que al final las certificadoras quieren hacer negocio, y por tanto con unos mínimos les darán el sello para que las empresas les paguen”.

El investigador veterinario Pol Llonch opina que este sello y otros parecidos suponen un incremento en los requisitos de bienestar de las explotaciones, aunque “hay cosas que se escapan de esta certificación con aspectos que no se tienen en cuenta o por la propia naturaleza del mismo, ya que se hace una evaluación al año”. Para la concesión del Welfair el auditor valora si se cumplen los criterios durante unas siete horas de media; en el caso de las granjas que ya lo tienen, se revisa de forma anual para la renovación o revocación del certificado.

“La asignatura pendiente es conseguir sistemas que permitan un control más continuado y que no solo sean un día nada más. Al final, el sector lácteo es en el que más impacto tiene el bienestar animal en la productividad”, concluye Pol Llonch. “La idea es que sea un protocolo vivo, y cuando se identifiquen y desarrollen nuevas medidas se puedan implementar”, comenta Antonio Velarde, uno de los científicos que participan en un proyecto en el que entidades públicas fijan los criterios que luego comprueban empresas privadas. Las vacas, mientras tanto, seguirán dando leche para que puedas echársela al café de la mañana.

Fuente de información: Elcomidista.elpais.com

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11 granjas porcinas de Castilla-La Mancha son tan grandes que ya no podrían construirse en España

9 junio 2022

Al menos 11 granjas de cerdos de Castilla-La Mancha no podrían construirse hoy por superar el tamaño máximo que permite la ley.

Castilla-La Mancha es la comunidad autónoma donde más ha aumentado el número de cerdos en la última década, según el censo agrario de 2020 publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Después de Murcia, es la región donde más se está intensificando la ganadería porcina, pues cada vez menos granjas albergan más animales. De hecho, al menos 11 granjas porcinas de Castilla-La Mancha son tan grandes que ya no podrían construirse en España por superar las 864 unidades ganaderas mayores (UGM) permitidas legalmente, según los datos que constan en sus autorizaciones ambientales integradas.

Estas explotaciones representan el 5,26% de las 209 granjas porcinas industriales de Castilla-La Mancha inscritas como activas en el Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes (PRTR). El PRTR recoge las granjas intensivas obligadas a declarar sus emisiones debido a su gran tamaño y es la medida que se usa habitualmente para calificarlas como ‘macrogranjas’. Las granjas que hoy en día no podrían construirse en esta comunidad serían al menos 11, pero entre todas suman una capacidad equivalente a 22 granjas del tamaño máximo permitido actualmente.

Que sigan funcionando a día de hoy se debe a que son instalaciones antiguas, anteriores a la primera normativa que reguló las granjas de porcino, aprobada en el año 2000. “Pueden mantener sus derechos adquiridos puesto que una norma, salvo que lo refleje específicamente en su articulado, no tiene aplicación retroactiva”, responde la Dirección General de Producciones y Mercados Agrarios, dependiente del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, preguntada al respecto.

Ese primer real decreto del 2000 limitaba el tamaño máximo de las granjas porcinas a 720 unidades ganaderas mayores (UGM) ampliables hasta 864 por las comunidades autónomas, algo que ocurre en Castilla-La Mancha. Las UGM son una medida de equivalencia que permite comparar animales distintos: por ejemplo, un cerdo de 20 a 100 kg supone 0,12 UGM mientras que un lechón equivale a 0,02. En 2020, el real decreto del 2000 se sustituyó por otro que mantiene el mismo tope a la capacidad productiva.

Junto a las 11 explotaciones que superan la capacidad legal, al menos otras 35 tienen autorizada una capacidad de exactamente 864 UGM. Por lo tanto, como mínimo el 22% de las macrogranjas porcinas de Castilla-La Mancha (46 de las 209) apura al máximo el tope productivo legal o lo excede. La información pública disponible sobre ocho de esas 209 granjas no es suficiente para conocer su capacidad autorizada. Maldita.es ha preguntado al Gobierno castellanomanchego al respecto, pero en el momento de esta publicación no ha habido respuesta.

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Fuente de informació: Maldita.es

La alimentación genera más impacto ambiental que el coche, la ropa o el móvil

Un trabajo coordinado por el centro de investigación de la Comisión Europea e impulsado por el ministro Garzón concluye que la carne de cerdo, la de vaca y la de pollo son, por este orden, los alimentos que producen más daños en el entorno.

21 mayo 2022

¿Qué tiene un mayor impacto de aquello que consumimos los españoles? Por lo general, se piensa que lo peor para el medio ambiente tiene que ver con tubos de escape de los coches, industrias con chimeneas humeantes o complejos aparatos electrónicos. Sin embargo, según una evaluación de los patrones de consumo en España presentada este viernes por el ministerio de Alberto Garzón, son los alimentos los que están detrás de los mayores impactos ambientales en el país.

El trabajo ha sido coordinado por el Joint Research Centre (JRC), el centro de investigación de la Comisión Europea, a petición del Ministerio de Consumo, y evalúa lo que denomina la “huella de consumo de España” siguiendo la metodología desarrollada por la propia institución europea. Los cálculos se realizan, con datos actualizados hasta 2018, tomando como referencia 164 productos, que son analizados en todo su ciclo de vida teniendo en cuenta no solo las emisiones causantes del cambio climático o la contaminación atmosférica, sino una combinación de 15 indicadores ambientales, entre los que están también el uso del agua, el agotamiento de la capa de ozono o la toxicidad humana con efectos cancerígenos.

Una de las conclusiones, es que la alimentación supone el 52,1% de la huella de consumo de España; seguida de la movilidad (el transporte), que representa el 17,1%; la vivienda (su construcción y los consumos asociados), con el 16,2%; los bienes del hogar (ropa, calzado, mobiliario), con el 9,6%; y los electrodomésticos (que incluye diferentes aparatos electrónicos, como el móvil), con el 5,1%.

Resulta imposible no asociar los resultados de esta evaluación con pasadas polémicas surgidas en torno a declaraciones del ministro Garzón por señalar el impacto ambiental de la carne o las macrogranjas. Pues, dentro de la alimentación, el trabajo identifica los productos de origen animal (carnes y lácteos) como los que tienen unos mayores impactos, relacionados sobre todo con las emisiones y la transformación del suelo en campos de cultivo (una importante causa de deforestación y pérdida de biodiversidad) en la producción de piensos utilizados en la ganadería. Específicamente, entre los alimentos, los que salen peor parados con diferencia son, por este orden, la carne de cerdo, la de vaca y la de pollo.

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Fuente de información: El País

La ganadería (por fin) en el debate social

La ganadería intensiva está en los medios. Aunque las organizaciones ecologistas llevan años denunciando este tipo de ‘fabricación’ de carne, las declaraciones del ministro de Consumo han sacado a la luz los impactos de esta industria sobre el medioambiente, la salud de las personas y de los animales.

A raíz de las declaraciones del ministro de Consumo sobre la ganadería industrial y la necesidad de apoyar a la ganadería extensiva, el debate sobre “macrogranjas” está en todos los medios de comunicación. Se habla sobre sus impactos ecológicos, sociales y sobre la salud de las personas y de los animales, sobre la posibilidad (o no) de la coexistencia de los diferentes modelos y el papel que tienen en el mundo rural. Aunque las organizaciones ecologistas, vecinales y animalistas llevan años denunciando este tipo de explotaciones, por fin el debate ha saltado a las calles.

Pero ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

La ganadería ha sido tradicionalmente una forma de aprovechar los recursos que el ser humano no tenía otro modo de utilizar. La ganadería y la agricultura han tenido una relación de dependencia mutua: la fertilidad de los suelos ha dependido, hasta la aparición de los fertilizantes químicos con la Revolución Verde, del estiércol de los animales1. Asimismo, la mecanización de campo y la industrialización de las ciudades generó un amplio éxodo rural que incrementó el consumo de carne per cápita y por tanto la demanda. En las últimas décadas, la producción de cerdo en concreto, en Europa, se ha ido desplazando desde Holanda, Alemania y Dinamarca (donde ha crecido la sensibilidad social por cuestiones ambientales) a España. En la actualidad, el Estado español es ya el primer productor de carne de cerdo de Europa y el tercero del mundo: hace años que el modelo se implantó en Catalunya y Aragón, pero en los últimos años se ha ido ampliando sobre todo en Castilla y León, Castilla-La Mancha y Andalucía, aunque hay otras regiones afectadas como Galicia o País Valenciá. La cárnica es hoy en día la cuarta industria en nuestro país y está manejada fundamentalmente por cuatro grupos empresariales: El Pozo, Vall Companys, Nutreco y Campofrío.

En España, la tendencia en el sector ganadero es al incremento de determinadas cabañas ganaderas (cerdo y pollo para carne, gallina para huevos y vaca de leche) y el descenso de otras (oveja y cabra), más asociadas a un modelo de ganadería extensiva. El sector porcino ha pasado de 25,5 a 31,3 millones de cerdos entre 2013 y 2020. En el caso de los pollos de engorde, la producción ha duplicado su crecimiento en el último lustro, incrementándose en 80 millones de sacrificios entre 2015 y 2019. En cambio, a nivel general desciende el número de explotaciones y el de ganaderos y ganaderas: según los datos de la EPA, el empleo en ganadería en 2019 era el 29 % del que había en 1976. La ecuación es clara: más ganado menos explotaciones menos ganaderos igual a más industrialización más concentración del poder más desempleo abandono rural y más deterioro ambiental.

Llamar a las cosas por su nombre

Existe mucha confusión sobre qué es qué en ganadería2: “macrogranjas”, industrial, intensiva, extensiva, ecológica, agroecológica, racional, holística, regenerativa, a pasto… Para entender esta diversidad conviene imaginar los modelos como en un gradiente de intensificación y ese gradiente, no como una línea sino como un entramado. En ganadería, entre la reproducción y la cría del animal hasta el consumo del producto hay otros eslabones: el cebo, el matadero, el despiece, el almacenamiento, la transformación, la distribución y la venta. En cada uno de estos eslabones hay a su vez diferentes modelos y muchas combinaciones posibles. Por ejemplo, es habitual que terneros criados en extensivo sean luego cebados en instalaciones industriales y exportados por barco. En el cerdo ibérico es frecuente la reproducción y cría inicial en intensivo pero el cebo final en extensivo con bellota, el despiece y la transformación en dependencias industriales y la distribución y comercialización en manos de grandes empresas hasta los lineales de secciones gourmet de supermercados.

Las pequeñas granjas familiares de vacas de leche de la cornisa cantábrica tienen un periodo de cría intensiva (estabulada) pero se les alimenta fundamentalmente con hierba local autoproducida. El problema que tenemos es que esta variedad y complejidad de modelos no está ni descrita ni caracterizada formalmente en normativas, lo que genera confusión en quienes consumen, insuficiente diferenciación del reparto de subvenciones públicas y últimamente maniqueísmo partidista preelectoral.

La cárnica es hoy en día la cuarta industria en nuestro país y está manejada fundamentalmente por cuatro grupos empresariales: El Pozo, Vall Companys, Nutreco y Campofrío

Parándonos en el primer eslabón, el de la reproducción y cría, se entiende por ganadería industrial aquella en que los animales, confinados a lo largo de su vida y por tanto altamente medicados y privados de sus comportamientos naturales, se alimentan a base de piensos. Éstos, contienen el 21% y el 50% de soja, prácticamente toda transgénica, proveniente de deforestación en Latinoamérica. Es decir, no sólo se trata de las explotaciones, sino de un modelo industrial globalizado asociado a un entramado de producción de granos y soja, piensos, fertilizantes, biocidas, medicamentos y grandes cadenas de supermercados, manejado fundamentalmente por intereses y poderes corporativos.

Informe de Ecologistas en Acción.
Elisa Oteros Rozas. Área de Agroecología

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